
Donde se detienen los habitantes que corren y se persiguen unos tras de otros.
A la aventura de estos 21 años reconociendo los aromas de las rosas colgadas en los altares donde la magnificencia de héroes y villanos se arrodillan mirando ese cielo creación de dios.
Tierra invisible de Adán y Eva donde las imaginaciones humanas dibujan y pintan cuadros dormidos y palabras despiertas. Les anexo estas oraciones para que se vuelvan viento y viajen sin detener a los bosques donde viven y mueren mis líneas. (El poco tiempo que dejo detrás de una puerta. 23.50)
¿Define libertad habitante? pregunta el tiempo.
¿La libertad de mis adentros o esa que veo fuera, simulada por algunos prisioneros?
-Le responde el caminante.
He sostenido entre mis manos esa cristalina agua que se guarda en los oasis, he sentido tu paso pero aun no he visto tu rostro pareces una especie de quimera invisible. Porque escondes en tus espejos la risa de la vida y los pasos lentos de las lluvias. La libertad es la facultad, mi humano pensamiento que trasciende más allá de las barreras del calabozo donde se reprimen las perdidas sensaciones de mis horas, minutos y segundos. Soy libre amigo mío porque mis adentros juegan con las reprimidas caras que se fabrican mientras la calma se rompe una y otra vez. Que significarían los pasos dados en la tierra de promesas, sin caer por el camino, por esas rocas tiradas sin lugar (vagabundas), tan solo son pedazos de tierra endurecidas por el paso de tus sombras. Mantienes tu mundo con el paso de tus sombras y el murmullo de las verdes hojas son tu abrigo que te aguardan a cada momento. Que respuestas esperas de mi garganta seca y mis ojos sencillos que a veces buscan tu cara en las estaciones. Después de todo somos tan distintos, compartes tus sombras con mi sombra y mi piel se agota al paso de tus pasos. Ahora sé que caminas invisible por la ruta sin final, acabada por echar raíces en las fértiles tierras de mi humana alma.
Me preguntas de libertad y yo desde esta prisión sin paredes te digo que vivo y camino en los senderos del cual eres parte al igual que tu gemela sangre, vela por mí en las noches y los días, esperando para susurrarme las palabras del comienzo. “ven y regresa” a esa libertad que se duerme en los jardines de este edén. Levantando sus alas de la nada emergen las frías melodías de unas cuerdas, cuerdas de un violín, salida de ángeles en vigilia, amigos de los hombres: sencillos habitantes. He aquí donde juegan los hijos de Adán y los hijos de Eva con los sentidos sensibles al paso de la luz al paso de tu nombre y de sus padres. En este tu camino que con manos fuertes jóvenes recorro mientras la lluvia cae y deja de caer porque se le olvida, pierde dirección y se precipita ciega en los lados fuera de mis ojos. (Porque intento explicarme a mi mismo esa razón que desconozco esa risa que parpadea y que dejo pasar ;para sentirme como la gente sencilla sin esperar nunca nada me detengo y sigo guardando rostros con o sin arrugas, pobladores o caminantes no importa; todos siguen siendo los mismos esos hijos de Adán que comparten con los hijos de Eva una espera que solo guarda el tiempo. 18.3Hv)
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