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viernes, 8 de enero de 2010

Kilometro 463



¡Fronteras, limites entre un único mundo!
En su ser, mundos, tierras inevitables escondidas entre mantas blancas.
En su alma una contaste pregunta , que viaja sin equipaje a su mente y vive en los altares de un deseo entrelazo solo una mirada que se extiende mas allá de esas divisiones humanas donde los cristales rotos no son otra cosa que paralelos universos alejados por un murmullo entre las primeras y las ultimas reglas de un rostro conocido. Al segundo una parada, en sus pies un deseo contenido de salir corriendo de esos límites donde los kilómetros siguen tomando un trozo de cronos el mismo que buscas paisajes escondidos y afiladas esquinas. Se mantiene inconsciente, sugerido en sus dimensiones físicas. ¡Tengo hambre ¡rompe el silencio de aquel banquete donde las migajas se precipitan sin vértigo en la tierra de laberintos y quebrados oasis . Tan solo una sentencia para dejar de lado las paradas ilusorias, los pacientes papados distraídos y los labios ahora sedientos. Al kilómetro 463 se despide un aroma casi conocido, un papel escrito por una década donde las inocentes ventanas abren al llegar aquella mirada de occidente donde las alejadas luces duermen sin levantar las iluminadas naves de su ser .
¡No tengo prisa ¡se dice así mismo, en los segundos renacidos de cenizas vistas a lo lejos en lo espeso de de sus testarudas cargas, que ahora se fusionan con las primeras señales de occidente.
En las entrañas de una esencia entraña de aloja los baúles del extranjero, que pasa los naipes de una buena mano destinada a su fortuna a los límites vencidos y las fronteras agotadas.
Se percibe , busca y se encuentra en la brisa de una madrugada quizás en la noche ese perfume se mude a sus vivida piel tan solo se vuelve dentro de sí una frase distraída entre las intranquilidad de la llegada a media distancia , mitad de una historia , solo una distraída y diferente estación donde las artes no guardan valor en los espacios de una risa desconocida.
Se nublan sus ojos al borde del kilómetro 463 donde las miradas de criminales represores esperan los débiles parpados desvelados, el temor divide las fronteras y las oraciones cortas los limites pesados.
La sombra de un disparo, que murió al final de unos segundos dentro de sí mismo vuelve y lo trasladan a una desvelada pesadilla, sigue traspasando los extraños vicios donde los experimentales sueños pierden la razón y llegan perdidos implorando una salida fuera de las orillas tranquilas de un tiempo encerrado. en su apagada mirada el ruido que no traspaso mas allá de su imaginación tan solo inaudita, queda esperando el paso del concreto y las líneas blancas de un kilómetro gastado .

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