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viernes, 1 de enero de 2010

Espacios vacíos



Un súbito arranque, así comienza todo de alguna manera intento dejarme claro las malas intenciones que mi mente suele tener en segundos cortos (pulsaciones de sombras). Las luces encendidas lastiman mis cansadas pupilas ahora solo un par de viejas lunas.
En la media luna de una noche en vela se disgregan las palabras que no pensaría ni mucho diría, cuanto miedo disfrazado de silencio, preguntas que llegan a mi cabeza y mueren al final de un pensamiento. Me pregunto si me entiendes, si me ves en cada momento mientras rezo buscando tu rostro en las afueras del edén. A veces mientras mis pasos van delante del tiempo: ¡intento abrazarte! pero no existes en el mismo plano que mi cuerpo. Aun mortal, sencillo, tranquilo, paciente, persigo tu sombra que siempre se detiene delante de un drago y solo entonces en mis manos anida un deseo de tocar tus manos. Sin saber, sin decir una palabra me hago inmigrante, solitario camino que lleva al recóndito valle donde he quedado prisionero en las aguas de un rio. Tal peregrino sediento, detenido y distante que camina en dirección de sus emociones al santo de su alma desnuda, me preguntas de qué color son sus ojos.
¡Claros, animados sin tonos puros mal intencionados, serenos y frescos, alejados de torres y centinelas!
¡Voy despacio Redescubriendo la claridad de las mañanas sin neblinas!
En tu boca una sonrisa y en la mía un reflejo de tus labios buscando tu alma. Al llegar cerca donde habitas, mis palabras se quiebran tratando de esconder un mortal disfraz. Escapo de lo evidente sin dejar de lado esos espacios vacios tan solo abismos inmortales donde los sentidos se agudizan tratando de entender las olas que tocan tus pies mientras caminas.
Deje de verte en los tiempos detenidos, quizás por las emociones cansadas y los constantes espacios vacios. Voy siguiendo tu risa en los momentos más solos, en las horas donde mi nómada alma ha quedado tirada, completamente distraída.
Me olvido del hielo que se descongela con los pensamientos que se quedan tan solo allí ¡descubriéndote!
Estoy mirándote desde aquí donde inician los tiempos relativos en un abrir y cerrar: navega entre las nubes tu rostro que solo descubro cuando viajo al este.

En las canciones una escala diferente y en tú ser una frialdad inentendible, cálida a veces, pero al final emergen las barreras y los límites se alimentan con tus ojos desnudos donde la ligereza de tus palabras descubren las tranquilas alas de un oasis.
Y esa ligereza que siento casi todo el tiempo me entristece, solo por momentos me quedo en silencio contemplando los mágico del mundo aquellos arboles y esa brisa que despierta por la mañana ese deseo de mirar el oriente, donde caminas libre.

No estoy sorprendido, imaginaba un cielo igual de celeste acompañado de un sol abrazador. En mi no hay malas intenciones solo un rostro, con una risa escondida quizás te cuente un cuento y de cuento en cuento ¡olvido la falta que me haces!
Al cabo de un tiempo te puedo dejar como dormidos se quedan las alejadas constelaciones en la multiplicidad de universos en cascadas.
Al cabo de unos segundos te veo y estas allí sin saber que te miro desde un dejavu, tan solo un sentimiento que viaja en cada celula desde el corazón hasta las últimas luces de un farol, Junto a las cercanas horas de Morfeo me despido sin decirte lo que guardo en mis manos sin sueño.
¿Porque las barreras?
En tu silencio una idea que pasa fugas buscando la respuesta correcta, para dejar de lado las historias, siguen las ideas tan solo una mezcla de memorias, segundos, palabras leídas y sentimientos confusos que se despejan por la libertad de tu alma. Y en tu ser una vela que se enciende con el fuego de tu corazón, tan solo un faro que se despide a las orillas de un océano inmortal.

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